Acaba de cerrar sus puertas la Expo 2015 de Milán, es hora de echar cuentas y valorar el éxito del evento.
Mas de ocho millones de billetes vendidos, 1 millón de metros cuadrados por el evento a disposición de los visitantes, costo de las infraestructuras y gastos de gestión 19 Billones de euros, y beneficios indirectos 52 billones de euros. Los número hablan claro, es un buen negocio para el país que organiza el evento, en este caso Italia, así como los son muchos otros eventos similares como los juegos olimpicos y el mundial de fútbol. Visto en clave de negocio parece que todos ganamos pero es realmente así? Me pregunto si a esta altura, como comunidad mundial necesitamos promocionar esos eventos. Es una cultura del momento, de la fiesta que tiene su trascurso y que luego todos vuelvan a su casa si las tienen, que vuelvan a sus trabajos, y a esperar el nuevo evento de turno, es como si la misma locura que tenemos en nuestra vida la trasladamos a los países, que cada uno de vez en cuando pueda tener su borrachera económica, algo como un fin de semana de vacaciones pagadas, en cambio de que cuando todo se acabe, que vuelvan a ocupar el sitio que le ha sido asiñado en la comunidad internacional. Me pregunto cuanto queda de la magia que inspiró esos eventos, si todavía eso tiene sentido o bien solo queda una sombra de lo que fue en pasado y que incluso cuando nos divertimos o en nuestras celebraciones de la vida, la economía juega un rol de primer plano que nadie quiere poner en duda porque es el fundamento de nuestra sociedad y no se puede entender sin eso, porque todo se puede vender en este mundo incluso nuestra preocupación por el medio ambiente y el hambre en el mundo.



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